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Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
febrero 14, 2019

Ejército Company y el adiós al Chapo

Dos tópicos nos ocupan esta semana: de entrada, platiquemos de la crónica de una sentencia anunciada que pone fin a la historia de Joaquín Guzmán Loera, mejor conocido como El Chapo. Tras seis días de deliberaciones el jurado lo encontró culpable de 10 cargos, suficientes para que se hable de cadena perpetua en la cárcel más segura de EUA.

De esta forma termina la historia de un personaje que fue protagonista de una época que ha dejado miles de muertos, ríos de sangre, pueblos enlutados. Desde Chihuahua hasta Chiapas pasando por Quintana Roo, Guerrero o Jalisco. Es responsable de miles de vidas destrozadas.

Los puntos más altos de violencia en el país están relacionados directamente con los enfrentamientos que el Cártel de Sinaloa libró con Los Arellano, Los Zetas, Los Beltrán, Los Carrillo, todo con el afán de encumbrar a este hombre.

Datos del Cisen arrojan que Guzmán estuvo involucrado en 84 por ciento de las 28 mil muertes violentas del 2006 al 2018. El Chapo ya es historia y terminará sus días encerrado, lejos de su familia, de sus hijas, de su imperio de corrupción.

Sin embargo, no podemos hablar de justicia, porque este delincuente no fue el único responsable de la barbarie, ¿algún día serán detenidos los políticos, empresarios, militares, policías que lo apoyaron, que hicieron negocios, que por dinero masacraron este país?

¿Algún día llegará en México la justicia para los mexicanos afectados por el narcotráfico? Aquí lo que ha imperado es la impunidad. En el juicio que concluyó en Nueva York fue puesta en evidencia esa corrupción.

Ex presidentes, generales, ex secretarios, policías, agentes, soldados, políticos, fueron evidenciados por algunos de los 57 testigos que declararon contra Guzmán Loera, como quienes le protegieron, le concedieron impunidad y, en algunos casos, fueron sus cómplices.

En un país como el nuestro, dominado por la corrupción y la impunidad, es difícil encontrar justicia. Especialmente cuando la estrategia en los últimos doce años ha sido apostarle al desmembramiento de las cabezas de los cárteles, sin tocar la estructura criminal.

Cambiando de tema, ¿a nadie le preocupa el poder que esta alcanzado el Ejército en la famosa Cuarta Transformación? Ojo, reconozco la labor de los soldados, su valor, su lealtad, pero en una democracia involucrar al Ejército en obra pública, manejo de recursos, es inadmisible.

AMLO ha otorgado a la milicia la operación y construcción del Aeropuerto en Santa Lucía, además, el desarrollo de un predio que tiene en la barranca colindante a Santa Fe, al poniente de la Ciudad de México, así como administrar los autotanques recién comprados en Nueva York.

Solo en países donde el Ejército es un actor político central tiene intereses económicos en activos no vinculados a la seguridad nacional.  Ejemplos, Egipto, Pakistán, Venezuela, China o Cuba.

Entre los objetivos de la Sedena no está promover el desarrollo económico. Poner en la Constitución que los militares serán responsables de la seguridad pública y hacerlos un grupo empresarial es absurdo, riesgoso y contrario a los principios de un país democrático.

¿Con qué fin lo hace el Presidente? Por un lado, está la voz de sus críticos que dicen que está preparando el terreno para eternizarse en el poder, nuevamente, la similitud con el fracasado proyecto Chavista. Por el otro, la visión optimista que afirma que en el Ejército existe la capacidad de hacerlo bien y poner orden en proyectos fundamentales.

Con estas decisiones Andrés Manuel López Obrador está dando a las Fuerzas Armadas un papel político y económico que nunca han tenido. Si Peña, Calderón o Fox lo hubieran siquiera intentado, el primero en gritar seria el Ganso y sus gansitos. Pero…



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