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Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
junio 15, 2018

El Crimen manda

Las imágenes son desgarradoras, dos niñas lloran frente al cadáver de su madre, tres estudiantes calcinados, un bebe quemado, una familia masacrada, gente huyendo por miedo, todo esto provocado por el crimen organizado, un crimen organizado que hoy manda en este país.

Ahí están las cifras: más de cien mil muertos durante el sexenio, tres cuartas partes del territorio en disputa con el crimen organizado, miles de desaparecidos, fosas clandestinas por doquier, empresas cerrando operaciones por extorsión e inseguridad.

¿Qué hacen las autoridades? ¿Les interesa? ¿Pueden?

Me queda claro que NO, ni al presidente, ni a los Gobernadores les importa, no les duele por más que lo repitan en sus huecos discursos. No es prioridad para ninguno de ellos.

Peña hizo lo mismo que Calderón, buscaron los golpes mediáticos, la captura de los grandes capos, y se olvidaron del espacio público, de las calles, de las plazas; Destinaron miles de millones a la seguridad, hoy estamos peor que nunca, ¿Cómo se gastó ese dinero? ¿A dónde fue a parar?

Intentaron controlar y desmantelar al “gran crimen organizado”, sin limpiar el estado, un grave error, se requería tiempo, recursos y sobre todo, voluntad política para desmantelar el sistema corrupto que se ha tejido por décadas entre criminales y políticos en México.

Había que confrontarse con los gobernadores y sus bastiones criminales locales. Había que reconocer y combatir la narcopolítica, y no lo hicieron.

De continuar la tendencia de homicidios, 2018 podría terminar con la cifra récord de 35 mil asesinados. Los hechos de violencia descubren con crudeza la ruptura de cohesión social y del mínimo apegó a las normas legales, es decir, el grado de desactivación de la legalidad que precede al disparo del delito, lo mismo en la CDMX que en Guadalajara o Veracruz.

La violencia del Narco ha manchado de sangre este proceso, decenas de candidatos o funcionarios han sido asesinados por los narcos. En Guerrero ya no quieren hacer campaña, por miedo.

La violencia política a nivel local da cuenta de su capacidad para decidir quién está en las boletas, y el vacío institucional para contener el delito es preocupante.

Ante la interrogante, los candidatos tienen pocas respuestas, no obstante saber que al crimen le conviene un presidente débil, que tenga dificultad para contenerlo. Mientras menos liderazgo institucional, la ausencia del Estado permite su expansión.

¿Qué hará el próximo gobierno con esta emergencia nacional? La propuesta de “amnistía” de Andrés Manuel, si sucede como la han explicado sus voceros, alcanzará para algunas cosas, pero no es en sí misma una estrategia de seguridad. Tampoco creo que solo con “prosperidad y empleo” se solucione la cosa.

Por eso debemos exigir una propuesta concreta, un proyecto a seguir, construir y fiscalizar. Es, literalmente, cuestión de vida o muerte que veamos voluntad real en el combate a la inseguridad en este país. Ningún proyecto de nación es sostenible si el Estado sucumbe ante los criminales.

Peña Nieto va a entregar el país hecho un polvorín con batallas desatadas en varios estados de la república y territorios prácticamente perdidos.

Recuperar el territorio requiere de políticas públicas de presencia del Estado y fortalecimiento de gobiernos estatales y municipales, y en la inteligencia y creatividad que se ponga en ello estará la diferencia.

Ese será el gran reto del próximo sexenio: pacificar a México, no en el discurso, sino en los hechos.