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Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
noviembre 19, 2019

La glorificación de la violencia

Las narcoseries dividen opiniones, por un lado, están las voces que defienden su existencia al considerar que muestran la realidad del país y, por el otro, los que las condenan por glorificar la vida de los capos.

Hay parte de razón en cada una de las posturas. Sin entrar en el debate acerca de si se deben censurar esos contenidos, el punto a exponer es la manera en la que se ha normalizado la cultura alrededor del narcotráfico como un tema inspiracional y aspiracional que atrapa la atención de niños, jóvenes y familias completas.

Como sociedad, ¿qué tanto hemos normalizado la actividad del crimen organizado? ¿Nos seduce el dinero fácil? ¿La ausencia o abuso de autoridad ha generado que veamos a los criminales como luchadores sociales? ¿La falta de oportunidades los convierte en figuras aspiracionales?

No importa la edad, el sexo o el estrato social al que se pertenezca, diferentes audiencias disfrutan y comparten estos contenidos que, por la forma de abordarse, elogian la vida del traficante, son un modelo a seguir por representar la supuesta abundancia y opulencia de la vida fácil alrededor de las actividades de los cárteles y sus líderes.

Las historias suelen ser las mismas o similares: el niño o niña limitado en sus opciones de desarrollo y preparación que admira a un narco y lo imita hasta volverse, no solo un narco respetado, sino un padrino que no solo provee a su familia sino a su comunidad con bienes y servicios que antes no estaban a su alcance.

Estamos de acuerdo que esta es una representación maniquea de la realidad, que solo muestra lo digerible por el público consumidor. No se profundiza, ni se exhibe la violencia, la muerte, el dolor que estos personajes provocan en millones. La maldad de una persona, se trata de justificar la vida delictiva con la pobreza. Ni siquiera se denuncia con fuerza el origen de todo que es la corrupción política. Todo en un formato de telenovela contado como historia de ficción.

Productores y televisoras han encontrado un gran negocio al producir y difundir esos contenidos, actores han dado vida y personalidad a los anti-héroes, a los narcos a quienes tantos niños y jóvenes reales en nuestro país quieren imitar. Las series más allá de promover o no la comisión de delitos, lo que hacen es normalizar esa situación.

Hace unos días la televisora VH1 informó que Emma Coronel, la esposa de “El Chapo” Guzmán, aparecerá en la segunda temporada de la serie “Cartel Crew”, un reality show que dramatiza cómo los parientes de los narcos lidian con el estigma de su negro legado familiar.

El tráiler es suficiente para argumentar la normalización de la vida criminal, se ve a Coronel a bordo de un yate, con lentes oscuros de diseñador y blusa blanca bordada, al lado de una mesa con copas de champaña, con expresión de indiferencia. Cerca, un hombre vestido de negro con fachada de guarura.

La acogida de Coronel al mundo del entretenimiento eleva la glorificación de la cultura del narco a un nivel completamente nuevo. Emma Coronel explota su popularidad mal habida y aprovecha la inmoralidad de la industria del entretenimiento para consolidarse como celebridad.

Esta mujer, no fue solo la esposa trofeo de Guzmán. No olvidemos que fue señalada de participar en la fuga de Almoloya, escondió armas del cártel, durante la farsa conocida como el Juicio del Siglo, se convirtió en portavoz de “El Chapo”. Acusó a las autoridades de torturarlo. De querer matarlo. Negó tajantemente que fuera un criminal. Lo describió como un hombre bueno. Postura que aún sostiene. Se volvió una sensación en Instagram (109 mil seguidores). Todo comprado y patrocinado con dinero manchado de sangre.

México vive una crisis humanitaria por una violencia que todos los días deja cruces en las calles. Hoy normalizamos esa violencia con las consecuencias que esto significa. El negocio del entretenimiento en México ha glorificado la pobreza, la discriminación, el racismo, ha hecho millonarios a personas que forman parte de un sector poco empático que al igual que los políticos o empresarios solo les interesa ganar dinero, sin importar el sufrimiento de millones.

Twitter: Jesús Escobar Tovar / @jet1403